agosto 29

Un obispo que aprendió a ‘hacer discípulos’ a través de la reparación de bicicletas

Hacer discípulos debería ser el objetivo principal de todos los cristianos, según el obispo de Malasia Occidental, que dice que aprendió a ser un hacedor de discípulos arreglando bicicletas con su padre.

El reverendo Moon Hing es el cuarto obispo de la diócesis de Malasia Occidental y ex arzobispo del sudeste asiático. Se ha dedicado a la plantación de Iglesias y al discipulado durante varias décadas y ahora es el coordinador de las iniciativas de discipulado anglicano para la Comunión Anglicana.

Le contó al equipo de la Conferencia de Lambeth lo que significa para él el discipulado y la importancia que tiene, más que nunca, vivir la fe cristiana, para ser un ejemplo a seguir para los demás.

«Creo que el discipulado es el objetivo principal de todos los cristianos. Y especialmente en este tiempo de pandemia, en tiempos difíciles y en tiempos de incertidumbre. La mejor forma es acudir al discipulado y hacer discípulos. No hay otro momento mejor que este». Afirmó que el discipulado estaba arraigado en él desde que era un cristiano muy joven, hace más de 40 años.

¿Cómo aprendió lo que es el discipulado?

«La palabra discípulo significa ‘aprendiz’. Mi padre tenía un pequeño taller de reparación de bicicletas y recuerdo que cuando yo tenía unos nueve o diez años, mi padre nos llamaba a mis hermanos y a mí y nos decía: ‘Acuclíllense a mi lado y miren cómo hago el montaje o la reparación’. Recuerdo muy bien cómo nos enseñaba a fijar los radios y luego a girarlos en un equilibrador. Decía: ‘Hagan esto y aquello, y luego equilibren la rueda’. Luego se levantaba y decía: ‘Su turno’. Entonces, cada uno de nosotros entraba y se ponía en cuclillas y lo intentaba… Así es como aprendemos y crecemos. Así que, finalmente, crecimos aprendiendo a reparar bicicletas. Esto forma parte del programa de discipulado que mi padre hizo con nosotros, ¡y aún puedo reparar bicicletas!».

«Así es como transmitimos el mensaje. Por eso lo trasladé a la Iglesia. Cuando era sacerdote, todos los años tenía estudiantes de teología durante dos meses de aprendizaje práctico a mi cargo. Siempre les decía: ‘No tienen que aprender nada sobre la Iglesia. Si aprenden algo sobre la Iglesia, es una ventaja, pero aprendan observando cómo ejerzo mi ministerio, cómo me ocupo de mi familia, cómo me ocupo de mi tiempo libre, cómo me ocupo de mi tiempo de devoción, cómo me ocupo de la preparación de mis sermones y cómo me ocupo de una emergencia’. Así que observaron mi vida durante dos meses, quedándose en nuestra casa. Y ese es un estilo de discipulado que adopté hace más de 30 años… Quería que vieran cómo operaba mi vida. Y ellos pudieron ver mis debilidades. Por supuesto, es una posición muy vulnerable, muy vulnerable, nos abrimos para ellos, y es muy factible recibir críticas».

«Pensé que al hacerlo muy poca gente querría entrar en el ministerio debido a la dureza y dificultad de los desafíos. Pero, sorprendentemente, a lo largo de mis 20 años en el ministerio parroquial, planté 50 iglesias y formé a seis personas para que dirigieran el ministerio. Así que, cuando me convertí en obispo, hicieron el relevo y ahora ellos mismos son los que dirigen las diferentes parroquias».

El obispo Moon Hing dijo: «El discipulado no es sólo creer en la Gran Comisión, cuando Jesús dice: ‘Id y haced discípulos’, sino que tiene que trasladarse al corazón, y a los brazos y a las piernas, para que trabajemos en ello». Cree que el pastoreo debe ser algo más que cuidar de las ‘ovejas’ y hacer discípulos. «Deberíamos decir que el pastoreo implica hacer discípulos y hacer discipuladores; personas que saben no sólo cómo hacer discípulos, sino que los harán también hacedores de discípulos».

«Creo que hacer discípulos no es sólo que estemos alimentando a las ovejas. Mi idea de hacer discípulos es que sean capaces de pescar por sí mismos y enseñar a otros a pescar».

¿Cómo puede la Iglesia ser más eficaz a la hora de hacer discípulos?

El obispo Moon Hing cree que una de las claves para ayudar a que florezca el discipulado es adaptar la formación en los institutos bíblicos y seminarios para que se centren en la interpretación de las escrituras y en la manera de hacer discípulos. También dijo que es importante no perder de vista la formación de las personas en las parroquias.
«Intentamos atender a las personas en nuestras parroquias, cuidarlas, aprovisionarlas, alimentarlas y nos olvidamos de formarlas. Mi madre me dijo que si la madre o los padres son buenos cocineros, los hijos suelen ser malos cocineros porque siempre dependen de los padres para cocinar. Pero es necesario formar buenos cocineros, hacer buenos cocineros, entonces los niños deben venir y entrar a la cocina y participar y aprender, cometer errores, y ese niño se convertirá en un buen cocinero más adelante. En la Iglesia creo que no estamos suficientemente formados para delegar y ejercer el ministerio en equipo, por lo que muchos de los sacerdotes lo hacen solos. Son ‘llaneros Solitarios’ y así es más complicado».

Para el obispo Moon Hing, cultivar mangos puede ser una imagen de cómo cultivamos discípulos.
Dijo: «En este país, en Malasia, tenemos muchos mangos y cultivamos muchos mangos. A menudo pregunto cuál es el fruto de un árbol de mango. Y todo el mundo dice: ‘mangos’, pero esa no es la respuesta completa. Todos son consumidores de mangos y nadie planta árboles de mangos. Así que la respuesta debería ser que el fruto de un árbol de mango es otro árbol de mango, no sólo una fruta que se consume. Si se tiene visión se va más allá, y se pregunta ¿qué es el fruto de un árbol de mango? En realidad es una plantación de árboles de mango. Porque cada árbol producirá cientos y miles de mangos, si los plantamos. Eso es lo mismo en nuestra vida cristiana, si hacemos un discípulo y entrenamos al discípulo, sabemos que tendremos un total de dos. Pero si profundizamos más, no serán sólo dos, serán millones y billones y trillones de personas, porque cada uno es como la semilla del mango. Y si un árbol puede producir una plantación, es lo mismo que el discipulado. Esa persona se multiplicará de hecho en dos o cuatro, o seis u ocho y así sucesivamente, antes de que te des cuenta tendrás todo un ejército levantándose para ser discípulos y para ser discípulos de Cristo sólidos».


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