La Comunión Anglicana representa a millones de cristianos, iglesias y comunidades en más de 165 países. Como parte fundamental de la iglesia mundial, su testimonio global de compartir las buenas nuevas y vivir la esperanza transformadora es inmenso.

En un momento como el que vivimos, sin precedentes en la historia mundial, reunir a los líderes anglicanos en la Conferencia de Lambeth para explorar lo que significa ser «la Iglesia de Dios para el Mundo de Dios» tiene más importancia que nunca.

A nivel mundial: el mundo está lidiando con los desafíos que plantea la pandemia de COVID-19, la desigualdad racial y la crisis climática. Los cambios acelerados en el campo de la tecnología y la ciencia han permitido un mayor sentido de comunidad y conexión global. Sin embargo, política y económicamente, hay una creciente polarización, desigualdad y división, lo cual afecta con particular dureza a los más vulnerables y marginados de nuestras sociedades.

Dentro de la Comunión Anglicana: la COVID-19 ha causado una gran conmoción en la vida de la iglesia tradicional. A nivel internacional, las iglesias anglicanas han jugado un papel clave al brindar consuelo a aquellos en duelo por la muerte de un ser querido, al coordinar las acciones de respuesta de primera línea a la pandemia y al encontrar nuevas formas de adorar y ser comunidad virtualmente.

Aunado a esto, una amplia gama de asuntos mundiales y de comunión deben ser atendidos, entre ellos los temas de misión y evangelización, cambio climático, justicia de género, esclavitud moderna, paz y reconciliación, y otros. El papel y la ética de la ciencia y la biotecnología, así como su creciente impacto en nuestro mundo, serán parte fundamental de nuestras discusiones.

Mientras nos preparamos para la decimoquinta Conferencia de Lambeth, esta se une a las filas de otras Conferencias de Lambeth que fueron celebradas luego de momentos de crisis mundial. La Conferencia de Lambeth de 1918 fue pospuesta para el año 1920 a raíz de la Primera Guerra Mundial. La conferencia de 1930 fue celebrada tras la llegada de la Gran Depresión. Y la conferencia de 1948 fue celebrada posterior a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

En cada conferencia, los obispos de la Comunión Anglicana se vieron en la necesidad de unirse para enfrentar los desafíos del mundo y discutir sobre el posible rol de la iglesia en el trabajo por la esperanza en el futuro.

El llamado y la responsabilidad que plantea la decimoquinta Conferencia de Lambeth no es diferente. Es hora de que surja una nueva iglesia que se adapte a los desafíos de una nueva era.

Es nuestra más sincera oración que la conferencia brinde un espacio vital para que los líderes anglicanos den respuesta a los asuntos mundiales, amen y lleven a las personas a la salvación en Cristo, y comprendan la visión de Dios en cuanto a lo que significa ser la Comunión Anglicana para la próxima década.

Espero que caminando, escuchando y testificando juntos podamos aprovechar la oportunidad histórica y monumental que tenemos ante nosotros.

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