24 JUL 98 . LC045e
Naciones endeudadas reclaman justicia, no perdón
por Margaret Rodgers
Portavoz de Sección
La deuda internacional es una cuestión que apasiona y preocupa a
los obispos de Lambeth
Esta tarde, la I Sección Uno que estudio del problema de la deudá se
reunirá con el resto ede los que asisten a la Conferencia en la
plenaria sobre la deuda internacional,
en la cual la urgencia y naturaleza crítica de los problemas de
las
naciones endeudadas en vías del desarrollo se presentarán
ante los
participantes de Lambeth.
El Arzobispo Orland Lindsay del Caribe de habla inglesa, presidir la sesión,
y presentará al Arzobispo Njongonkulu Ndungane, de Africa del Sur;
al Obispo Peter Selby (Worcester, Inglaterra); y al Arzobispo Khotso Makhulu
de Africa Central.
Jim Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial, que viajó especialmente
al Reino Unido para hablar en la Conferencia, será otro de los oradores
de la tarde. el Arzobispo de Cantórbery le dará la bienvenida.
Un grupo musical "Gospel" interpretará un cántico
de redención, y se proyectará un documental de Ayuda Cristiana.
También habrá la oportunidad de hacer intervenciones desde
el pleno.
"La Iglesia tiene la obligación de leer los signos de los tiempos
e interpretarlos a la luz del Evangelio," dijo el Arzobispo Ndungane. "Tenemos
que estar conscientes de nuestra
responsabilidad como mayordomos de Dios, de la obligación del mundo
financiero y de las posibilidades de comenzar de nuevo a las puertas de
un nuevo milenio."
El Obispo Selby, que preside las discusiones de la deuda internacional
en la sección, apoya estas declaraciones.
"Tenemos que elegir entre ver la vida como una red de créditos
y débitos, una red de cadenas modelada por lo que nos dicte el mundo
del dinero, y una visión de la vida en la cual florece la mutualidad
y la verdad que todos vivimos como un don, sólo por gracia" dijo
el Obispo Selby.
"Ser solidarios con los endeudados del mundo, y no con la llamada
sabiduría de sus acreedores, es una prueba notable de nuestra lealtad
a Jesucristo y de nuestra disposición como Comunión de iglesias
a vivir conforme a su enseñanza," afirmó. La carga más
grande a que se enfrentan muchas naciones [en vías de desarrollo]
es la deuda masiva que
tienen con las naciones más ricas del mundo y las instituciones
financieras internacionales.
El Dr. Carey dijo a su propia diócesis a comienzos de este año
que las personas de las naciones endeudadas padecen "una forma de
esclavitud no menos real que la espantosa trata de esclavos que tuvo lugar
en el Atlántico a principios del siglo XIX"
Diariamente, las naciones endeudadas pagan a los países acreedores
$717 millones de dólares en intereses de la deuda. En 1997 pagaron
$270.000 millones en intereses, alrededor de $60 por persona. En cambio,
en 1997 recibieron $25.000 millones en ayuda y préstamos para el
desarrollo. De manera que, por cada dólar que se le ha dado dado
en ayuda a las naciones endeudadas, éstas devolvieron $11 en intereses
sobre la deuda.
Las voces de las naciones endeudadas entre los participantes de Lambeth
ilustran poderosamente el impacto abrumador de los pagos de la deuda colectiva
en las vidas de sus pueblos. Seóalan las escasas inversiones en
el campo de la salud y la educación en países donde una proporción
significativa de los ingresos nacionales se destina a pagar la deuda.
[Los obispos] citan también los problemas del gigantesco desempleo,
la pobreza, el desamparo, la falta de vivienda, los efectos daóinos
[de la deuda] en las vidas de mujeres y nióos, y el tráfico
de drogas y armas.
El lenguaje ordinario habla de la remisiónn o perdón de la
deuda. Pero los obispos de las naciones endeudadas, profundamente conscientes
del impacto devastador en sus pueblos, no reclaman ni el perdón
de la deuda ni su remisión. Buscan la cancelación de la deuda
como una cuestión de justicia, dignidad humana e igualdad para todos
que comparten la vida en este planeta y que que son igualmente portadores
de la imagen de Dios.
En fin, reclaman la liberación de los que están cautivos
de fuerzas económicas que escapan a su control, y libertad de los
que están oprimidos por las cadenas de deuda.