19 JUL 98 . LC019e
Con una Eucaristía en Canterbury comienza la XIII Conferencia de Lambeth
Cantórbery
Por Nan Cobbey
Dpto. de Communicaciones de la Conferencia de Lambeth
Con estandartes dorados y azules que se agitaban con la brisa, escolares que saludaban y el repique de las campanas de la Catedral de Canterbury, se inauguraba oficialmente la XIII Conferencia de Lambeth el domingo por la mañana, al tiempo que 750 obispos entraban en procesión en la catedral para celebrar la primera Eucaristía de su reunión de tres semanas.
Los Obispos, en representación de 37 provincias de la Comunión Anglicana, entrarón en la catedral a través del histórico pórtico occidental y prosiguieron por la nave de 215 pies de largo al son de música de órgano y de las voces del coro de la catedral. Transcurrieron cuarenta minutos antes de que la doble fila de los obispos con sus sotanas moradas, acompañados por representantes del Consejo Consultivo Anglicano, y varias docenas de delegados ecuménicos y otros invitados, ocuparan sus asientos en la nueve veces centenaria iglesia madre del anglicanismo. No obstante, todos ya estaban en sus puestos cuando Su Alteza Real, Carlos, Príncipe de Gales, hizo su entrada y fue acompañado hasta su sitial en el coro por una fanfarria de trompeta.
Como un eco del pasado reciente de la Iglesia, dos arzobispos de Canterbury jubilados, Lord Coggan y Lord Runcie, se unieron a la procesión. Por primera vez desde que se iniciara la Conferencia de Lambeth en 1867, 11 mujeres obispos desfilaron, y los obispos africanos, en número de 224, sobrepasaron a cualquier otro grupo continental. Norteamérica envió 180 obispos a la Conferencia, que se celebra una vez cada 10 años, mientras que el Reino Unido envió 140.
Colorido proveniente de varias culturas
El Arzobispo de Canterbury George Carey saludó a su congregación internacional con las palabras swahilis "Bwana akae nanyi" (El Señor esté con ustedes) y escuchó en respuesta "Akae nawe pia" (Y también contigo) de un coro responsorial de más de 2000 voces. No había asientos vacíos en la catedral. Y algunos de los fieles permanecieron de pie en los alrededores o esperaron con los curiosos en las estrechas calles de piedra de esta antigua ciudad amurallada cerca de la costa sudoriental de Inglaterra.
El tono dado por la salutación en swahili prosiguió a través del ofició que resultó una celebración cada vez más exuberante de la variada y prolífica familia de la Comunión, que ya cuenta con 73 millones de miembros esparcidos por más de 160 naciones. Trompetas, tambores, danza, campanas y una cacofonía de lenguas en la oración y en la alabanza expresaban una singular riqueza cultural. Vaporosos saris de seda rosados, anaranjados y azules, puntiagudos tocados africanos de algodón, caprichosos sombreros de paja con plumas, hasta una reluciente capa esmeralda hecha para el arzobispo Andrew Mya Han de la Iglesia de la Provincia de Myanmar por las mujeres de su iglesia, llenaron la catedral de colorido.
Danzantes litúrgicos de Panamá del grupo londinense Victor Hugo Dance Troupe atravesaron bailando el coro y la nave agitando cintas azules, verdes, color melocotón y púrpura, y un torbellino de vestidos de algodón blanco. Semejantes a grandes aves blancas que agitaran sus alas, abrían la marcha a la procesión para la lectura del Evangelio. Con la ayuda de sus danzantes percusionistas, crearon una marejada de sonido y de júbilo, que provocó el aplauso espontáneo de la congregación.
La riqueza de expresión cultural incluyó los movidos ritmos de Sudáfrica, los conmovedores cantos espirituales afroamericanos, y las melodiosas canciones e himnos de las tradiciones de Inglaterra, Argentina, Corea y la Iglesia Ortodoxa Rusa. Al tiempo que los participantes seguían el oficio en el programa multilingüe, algunos cantaban en español, otros en francés, muchos en swahili. Un coro impreso en zulú llevó a muchos a moverse con gran entusiasmo al compás de su vívido ritmo.
El obispo Chang Him , de la Diócesis de Seycheles en la Provincia del Oceáno Índico, y el obispo Chilton Knudsen, de la Diócesis de Maine en Estados Unidos, presidieron las intercesiones en francés e inglés. El obispo John Sentamu, de Stepney, Inglaterra, quien fuera juez del Tribunal Supremo de Uganda, tocó un "tambor del sabió" ugandés de cuatro pies de alto y pintado de vivos colores, mientras cantaba una versión keniana del Gloria. Las lecturas bíblicas se hicieron en portugués y en árabe.
El tema de la unidad de la Iglesia
El tema del que no se habló en toda la mañana, se hizo claro cuando el coro y la congregación llegaron a la estrofa final del nuevo "Himno de Lambeth", escrito para la Conferencia. Compuesto por Timothy Dudley Smith, autor de himnos evangélicos y obispo sufragáneo jubilado de Norwich, Inglaterra, y cantado en el momento del rito de la Paz, el cántico imploraba a Dios "renueva, une, inspira a la Iglesia que lleva tu Nombre... Danos gracia para atender tu llamado y en ese Nombre ser uno".
La liturgia, un emotivo texto keniano, iba y volvía del inglés al swahili, obligando a la congregación internacional a escuchar con mucho cuidado
"Está el Padre con nosotros?"
Él está...
Así comenzó la Oración de Acción de Gracias. La pregunta y la respuesta prosiguieron, ganando fuerza en ambas lenguas, según las iban diciendo, a veces simultáneamente, a veces en forma alterna. Cuando las frases "Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo volverá" fueron seguidas por "Hemos muerto. Resucitaremos juntos. Viviremos juntos", algunos dijeron que encontraban sus voces conta Oír a una multitud rezar el Padrenuestro en diferentes idiomas también ofrecía una reflexión particularmente conmovedora del objetivo de la Conferencia de encontrar la unidad en la diversidad.
En su sermón, el obipos Simon E. Chiwanga,de la Diócesis de Mpwapwa, en la Iglesia de la Provincia de Tanzanía, y presidente del Consejo Consultivo Anglicano, le recordó a sus oyentes el lugar sagrado en el que se sentaban, y de cómo la Catedral simbolizaba las raíces comunes de un costoso testimonio. El no se refirió a Santo Tomás Becket, cuyo martirio en la catedral en 1170 la convirtió en un sitio de peregrinación, pero sí llamó al rebaño reunido "un pueblo peregrino" y le dijo a los líderes de esta Iglesia de 70 millones de fieles la vital importancia que ellos tienen para un mundo hambriento de encontrarle sentido a su vida.
Resaltando la "reciente y trágica pérdida del obispo católico romano de Pakistán" como el resultado de las tensiones entre cristianos y musulmanes, así como los conflictos tribales en África, la violencia en Irlanda del Norte y la escalada del terrorismo en todo el mundo, declaró que muchos en la Comunión se enfrentan "a privaciones físicas y esprituales".
Un llamado a vivir vidas semejantes a la de Cristo
El (el predicador) retó a la Iglesia a asemejarse más a Cristo en la misión y a no dejar que la amargura, la cólera o la desarmonía distorsionen "su imagen de un Evangelio vivo". Es en la "misión al mundo que maduramos en la semejanza de Cristo", dijo. "La evangelización debe seguir siendo nuestro principio orientador...Somos llamados a ser semejantes a Cristo en nuestro impulso misionero".
El obispo Chiwanga proclamó el compromiso de la Comunión Anglicana con la causa de la cancelación de la deuda internacional, "un vigoroso testimonio de nuestra voluntad de seguir a Jesús en medio de los menos afortunados".
Finalmente, él le ofreció a sus compañeros líderes una breve instrucción de lo que significa la caridad interpretativa, que definió como "la capacidad de aplicar la interpretación más amorosa a las acciones y opiniones de los demás...a escucharse mutuamente en amor. Exige que controlemos nuestros impulsos a comenzar a formular nuestra respuesta antes de que el otro haya terminado de hablar".
Respondiendo a las preocupaciones de que la Conferencia podría verse afectada por graves discrepancias sobre temas controversiales, tales como la homosexualidad y la ordenación de mujeres, el obispo Chiwanga recalcó la necesidad de los obispos de seguir ese modelo de caridad. "Es difícil, yo sé", dijo "nos llama a perseverar en la incomodidad del silencio ponderado y a usar ese tiempo para preparar una respuesta amorosa de lo que hemos oído... La caridad interpretativa nos desafía a evitar las etiquetas denostativas que estamos tan prestos a aplicarle a nuestros oponentes".
Cuando el oficio terminó, y los obispos y sus esposas salieron de la umbrosa catedral al brillante y soleado mediodía para encontrarse con el saludo de los niños de las 15 escuelas de la Iglesia en la Diócesis de Canterbury, a su lado se apiñaban los periodistas con sus cámaras y micrófonos
La Conferencia había comenzado.